Posts etiquetados ‘Kvam’

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EIN HÆLV KÆLV LÅG I ÆLVA Å FLAUT“.

No, no he aprendido arameo ni élfico. Ni he escrito algo que ha sido transcrito a lo “discos que cuando se oyen del revés, revelan mensajes ocultos” y otras historias de “Cuarto Milenio”. Mucho menos he sido poseído por Satán y en medio de mi particular posesión estoy hablando en su jerga más coloquial. Lo que habéis leído es una frase en trøndersk, uno de tantos dialectos que uno puede hallar en Noruega y que precisamente, se habla en la región (Nord-Trøndelag) donde se encuentra la ciudad donde resido.

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Finalmente, llegó el día 15 de agosto, el día de ayer. Mi último día como enfermero en el hogar de ancianos del pueblo de Kvam. Llegué hace más de tres meses a Noruega y más de uno al pueblecito donde he estado trabajando durante este tiempo, buscando un futuro que en mi tierra no se nos (a mis compañeros y a mi) a permitido tener. Noruega, un país que nos ha acogido con los brazos abiertos y que sus habitantes comparten, junto con nosotros, esa noble inquietud de cuidar a las personas.

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Viviendo en Kvam

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Bueno, aunque ya llevo viviendo en Kvam desde hace ya una semana, la pésima conexión que dispongo me ha hecho imposible escribir anteriormente un post, así que hoy os contaré con todo detalle (en la medida de lo posible después de una semana).

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La cocina. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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La cocina. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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El salón. Podéis comprobar que muy lleno no está. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Después de ese breve traslado, me instalé en el apartamento colindante al hogar de ancianos. Un apartamento que si bien puedo decir que dispone de cuanto necesito, no puedo decir que no disponga de muchos lujos en él: si he de escoger la palabra que definiría a mi apartamento, esa palabra es “AUSTERO”. Se trata de un ámplio salon con una modesta aunque completa cocina americana, un dormitorio que posee dos amplios armarios , un baño completo y un cuarto que se utiliza actualmente como trastero. Afortunadamente, he podido decorar mi nido con un elemento que me recuerda de donde soy y cual es mi tierra. También debo decir que estoy en un pueblo de muy pocos habitantes (entre los enfermeros del hogar y yo bromeamos diciendo que hay más población en el cementerio de delante del centro que gente viva residiendo en este pueblo).

Kvam es atravesado por la carretera principal y al otro lado de esta, se encuentra la iglesia con su particular aunque hermoso cementerio, un campo de fútbol anexado a la escuela de Kvam y u amplio supermercado donde poder comprar toda serie de productos de limpieza, comida y correo (en Noruega, o por lo menos en esta región, los paquetes los debes recoger en los supermercados). Y más allá, se encuentra el lago, un lugar hermoso y tranquilo donde uno, con una simple barca puede ir a pescar o simplemente, deleitar los sentidos con la tranquilidad que aquel paraje ofrece.

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El dormitorio. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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Habiéndome levantado muy temprano, a eso de las 6 de la mañana, he decidido que hoy, aprovechando que es mi último día de fiesta y mañana empiezo por fin a trabajar, haría una pequeña excursión a Kvam. Mi intención era, no solo dirigirme al Kvam Eldresenter y preguntar por el estado del amueblado de mi apartamento, sino también explorar el lugar que rodea aquel reducido espacio de la comuna de Steinkjer.

Mientras cavilaba con los quehaceres del día, Carlos se ha presentado en casa, después de tener una jornada nocturna de trabajo más bien tranquila aunque no descansada. Me cuenta por encima lo hecho durante toda la noche y aunque interesado, no he querido demorarlo a que fuera a dormir por que cabía la posibilidad que lo llamaran hoy para trabajar por la tarde, debido a la ausencia de algunos compañeros de trabajo por enfermedad.

Así que, después de desearle las “buenas noches” a Carlos, he desayunado, me he duchado y vestido, disponiéndome rápido a ponerme en marcha. Al salir de casa, los rayos de sol vaticinaban que hoy iba a ser un buen día y mientras me dirigía con paso tranquilo hacia el Nissan Primera, he comprobado en el móvil que la temperatura llegaba a las 24 grados, por lo que disfrutaría de una mañana más que resplandeciente. Sentado ya en el asiento de conductor y mediante un giro de llave de contacto, La Bestia ha rugido como siempre y con marcha corta, me he puesto en marcha hacia Kvam. La radio empezaba a sonar y se oían los anuncios que, aunque en noruego, ya los empiezo a comprender por la monotonía de haberlos escuchado ya un millar de veces y mientras el paisaje bucólico y verdoso rodeaba la carretera  y yo me acercaba más y más a mi primer destino, la NPK 4 ha empezado a emitir Paradise City, de Guns ‘n’ Roses y me hacía reflexionar que, efectivamente, estaba en un paraíso verde y vasto. Take me down to the paradise city, where the grass is green and the girls are pretty. Take me home, cantaba a viva voz mientras el rugido del coche me pedía que subiera una marcha más.

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Como ayer funcionaba la conexión bastante mal, me he visto obligado a esperar hasta hoy para narrar con todo lujo de detalle lo que aconteció ayer. Lo que ocurrió en el hogar de Kvam para ancianos es de aquellas cosas que hacen que a cada minuto que pasa, te das cuenta que si pudieras volver a tener la oportunidad de escoger tu camino, elegirías de nuevo esa opción sin dudarlo. Pero dejadme que empiece por el principio.

El día empezó como empiezan todos los días aquí: a las 6 de la mañana, con el despertador emitiendo el monótono sonido. Desde la cama podía ver, a través de la oscura cortina del dormitorio, que la luz entraba tímidamente por la ventana y anunciaba que hoy iba a ser un día especialmente caluroso. Me levanté cansado, muy cansado mentalmente. Y es que la inmersión lingüística te dota de un desgaste mental brutal, añadiendo también, que me faltan horas de sueño y mi cuerpo me avisa cada día que debo hacerle caso y dormir un rato más. Hice caso omiso a mi cuerpo y me incorporé, me preparé el desayuno y el matpakke (lo que en la tierra conocemos como la fiambrera de toda la vida), me aseé, vestí para las prácticas de idioma y salí de casa, comprobando previamente que disponía conmigo de todo lo necesario para pasar el día en el Kvam Eldresenter: La bolsa con el desayuno, el calzado para las prácticas y la carpeta que contiene los documentos que debo entregar a Randy, la coordinadora del centro, para que los firme.

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Al fin es viernes! esa es la traducción del encabezado. Y es que después de una semana de prácticas larga, hoy es día de explayarse y salir un poco por Steinkjer. No es que hayan pasado muchas cosas desde el último post, pero algo hay por contar:

Ayer, volviendo para Stod después de las prácticas, a escasos kilómetros de la casa, la rueda delantera de La Bestia sufrió un reventón, así que, cuando llegué por fin al dulce hogar, comprobé que efectivamente, el neumático había sufrido un percance, así que tuve que reemplazarlo por la rueda de repuesto. Observé que al sacar el neumático del maletero no había ni rastro del gato, por lo que tuve que ir la vecina a pedirle el dichoso armatoste. Y menudo armatoste me dejo: un gato hidráulico de gran tamaño (se nota que estos noruegos deben de cambiar las ruedas de verano y las ruedas de invierno). Problema solucionado. Bruno 1 – Rueda de recambio 0.

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3 de junio. Hoy hace un mes que estoy viviendo en Steinkjer. Ayer, mientras tomaba una infusión de té verde con canela en la calle, sentado en una silla y al lado de una mesa que está próxima a mi apartamento (cortesía de nuestros anfitriones), he tomado esta foto con el móvil. Mientras daba pequeños sorbos a la infusión aun caliente y la canela llegaba a mis papilas gustativas, observaba la tranquila calle de Kongens Gata y la tranquilidad del domingo era palpable. Veía pasar coches de diversas gamas pero sobretodo, coches antiguos, muy antiguos, en perfecto estado. Y es que en Noruega parece que las cosas están hechas para que perduren en el tiempo: Para mi es impensable que en Barcelona, un coche antiguo descanse en la calle a merced de las inclemencias meteorológicas pero sobretodo a merced de algún individuo (aún por civilizar) que raye la pintura o simplemente decida que debe dejar su marca personal impresa en esa obra de arte. Aquí, los noruegos hacen gala de tal educación y buenas maneras que uno puede dejar su coche aparcado tranquilamente y sin ningún tipo de temor a que nadie lo raye, estropee, orine o vomite. Por no decir que llevo un mes aquí y no he oído ni una sola bocina del coche.

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6 de la mañana. El despertador suena y me despierto sobresaltado y por inercia, miro a mi compañero de habitación y veo que también se despierta de improviso por el bip-bip-bip del despertador del móvil, me devuelve la mirada y vuelve a acostarse. Me levanto y compruebo que efectivamente, dispongo de una hora para desayunar, asearme y vestirme, ya que hoy empiezan las practicas de idioma en un ambiente sanitario. La aventura noruega empieza hoy, retumba en mi cabeza las palabras de Carlos la noche anterior. Lo que ha sucedido durante estas casi tres semanas de estancia en Steinkjer han sido unas simples vacaciones y periodo de adaptación. Lo de hoy y en adelante durante 6 semanas será una autentica inmersión lingüística al noruego. Vamos allá.

Me preparo la fiambrera con la comida que cociné ayer noche, justo después de probar el coche que Håvard nos dejó para desplazarnos a los lugares de practicas: Stod y Kvam (y menos mal que hice uso de mi GPS para guardar las localizaciones exactas de los lugares de practicas). Habiéndome aseado y vestido, me cruzo por el pasillo del apartamento con Alba y le comento que voy al coche a prepararme y que cuando estén listas (debo llevar a Rebeca, Nerea y a Alba hacia su destino de practicas, Egge, ya que está de camino a mi destino) que se dirijan al coche. Alba me mira y asiente con la cabeza. Cargado con las zapatillas de deporte blancas para trabajar, la comida, la botella de agua, la mochila con mis cosas y el GPS en mano, abro el maletero del coche y allí dejo todos mis enseres salvo el navegador de a bordo, que lo enciendo y lo coloco en el cristal del coche, comprobando que todo funciona correctamente. Sentado ya en el coche, palpo mis bolsillos y me doy cuenta de que me he olvidado el móvil en algún lugar del baño de casa, así que vuelvo a subir al apartamento y recupero el aparato, metiéndomelo en el bolsillo del pantalón. Mientras me vuelvo a dirigir hacia la puerta, me tropiezo con algunas de mis compañeras que también inician hoy sus practicas y les deseo muchísima suerte. Los Lykke til hoy se han escuchado bastante hoy. Me encuentro con Alba y Rebeca, que están esperando a Nerea a que salga del apartamento y al rato, esta sale parsimoniosamente por la puerta y nos dirigimos todos hacia el bólido (jajaja).

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La Bestia. Foto: Carlos Fuentes Arrabal.

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Después de algunos días de inactividad bloggera (Los quehaceres diarios en Steinkjer, que se limitan al estudio de la lengua noruega, visitar el gimnasio, charlar con nuestros respectivos familiares y amigos, charlar con los compañeros de viaje y/o comer, hace que la vida transcurra con ligera monotonía), puedo explicaros que ayer recibimos un esperado correo electrónico de Håvard -el jefe- que nos indicaba donde realizaremos las practicas de inmersión lingüística noruega en ambiente sanitario.

Mientras algunas de mis compañeras han sido ubicadas en el centro de Steinkjer y otras han sido emplazadas en Egge, un municipio situado a unos 35 minutos a pie al norte del lugar donde habitamos, a Carlos y a mi nos ha tocado hacer practicas en Stod y Kvam respectivamente.

Hoy nos hemos levantado temprano, mi compañero burgalés y yo, para encontrarnos a las 8 y media con Håvard para llevarnos con su coche a esos dos lugares y de esta forma, conocer el lugar donde será durante 6 semanas, nuestro lugar de practicas y también a las personas que nos ilustraran en nuestro aprendizaje. Casi 12 y 21 kilómetros separan Stod y Kvam respectivamente de Steinkjer, así que, nos tendrán que dejar un coche para ir allí y volver, si o si, hemos pensado… y bien, la situación es otra bien distinta. (más…)

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El siglo XX empezó en Steinkjer con el fuego: un incendió arrasó la ciudad. La zona sur se quemó y 62 edificios fueron devorados por el fuego. Este fue el comienzo de un tiempo agitado pero próspero. Un nuevo barrio se levanta; el ferrocarril llegó a la ciudad. Fue una época políticamente activa y la economía fue favorable. En 1900 la zona sur tiene una arquitectura de época: grandes edificios con torres y chapiteles “Art Nouveau” características. Mientras que el lado norte aún la componían las viejas casas de ciudad, aun presentes en el distrito de Sneppen hoy día.

Con la década de los años 20 llegó la recesión. Fue una difícil situación económica: muchas empresas se declararon en quiebra y el desempleo era alto.

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Foto: Lara Aparicio Gómez.

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Estación de ferrocarril de Steinkjer

Aun mas dura fue en la década de los 40: el 21 de Abril de 1940, Steinkjer fué bombardeada por los alemanes y prácticamente toda la ciudad quedó en ruinas. Después de 5 años de ocupación y represión, se inició la reconstrucción, una vez habiendo terminado la guerra. Durante la década de los 50, la ciudad fue creciendo de forma funcional. El paisaje urbano cambió radicalmente y se convirtió en una ciudad grande, funcionalista y moderna. Hoy en día caracterizan a la “ciudad funcionalista” como una arquitectura urbana de interés cultural. Steinkjer no sólo se reconstruyó, sino que también se amplió y por esa razón, esa década hubo un crecimiento poblacional  del 25% y surgieron nuevos barrios como Grips, Guldbergaunet y Nordsihaugen.

En 1964 se crean los municipios de Beitstad, Egge, Kvam, Ogndal y Sparbu. En 1968 la población supera los 20.000 habitantes y como la ciudad necesitaba mas espacio, en 1970 creció de nuevo. La parte más interna del fiordo fue “robada” y hoy día son los campos de los barrios mas nuevos de Steinkjer.

(Información extraída de Steinkjerleksikonet)