Regreso y Partida de Barcelona City, por Bruno Bolsón

Publicado: 21 marzo, 2015 en Noruega 3.0
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Tras muchísimos problemas para acceder al blog, finalmente he dado con la solución y puedo, al fin, explicaros lo que ha acontecido todo este tiempo de silencio. Como siempre, pido disculpas por la demora a todos vosotros, que me seguís y espero que con este post, pueda redimir dicha tardanza.

Bien, tal como podéis observar en la imagen, aparezco yo, junto a mi familia (de izquierda a derecha, mi abuela Nuri, Marina, mi cuñada y mi hermano Joan), soplando las velas de mi trigésimo cuarto cumpleaños. Si, efectivamente, pude celebrarlo junto con mi familia en Barcelona, pero dejad que relate lo acontecido por el principio.

Esta vez tenía ganas de poder celebrar el evento en familia y cerca de los amigos, así que decidí viajar a Barcelona. Compré los billetes de avión y decidí que la estancia sería de ocho días, suficientes para cargar pilas, reunirse con la familia, ver a algunos amigos y de paso, hacer algunas gestiones que en la lejanía, me es imposible realizar. Ocho días trepidantes en que debía repartir mi tiempo y comprimir las visitas a mis conocidos como si de visitas de médico se trataran. Huelga decir que, las visitas de médico nunca me han gustado pero bien, que le vamos a hacer. Espero que en la próxima visita pueda disfrutar de la compañía de todos vosotros por un tiempo más prolongado.

El viaje a Barcelona City

Bien, el viaje inicia el día 22 de febrero por la noche, rumbo a Værnes, viajando en tren hacía el Aeropuerto de Trondheim. Debía viajar la noche antes porque mi vuelo salía el día anterior a las seis y media de la mañana y no había transporte hasta el aeropuerto, tan temprano; Mi vida desde que vivo en Noruega es un viaje trepidante que siempre inicia en los bancos de los aeropuertos donde paso la noche. Al viajar para una estancia de solo ocho días, solo llevé la maleta de mano y la mochila aunque siempre suele suceder que uno se lleva de vuelta unas cuantas cosillas que en el Norte no encuentra y termina por abultar notablemente dicha maleta.

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Recorrido del avión. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

El avión despega a a las seis y media, puntual como todos los vuelos noruegos y el viaje hasta Oslo transcurre sin incidentes. Los viajes desde el Nord-Trøndelag hasta Barcelona siempre me obligan a realizar escala (sino es en Oslo, es en Bélgica), por lo que el trayecto dura siempre más de cuatro horas. Por suerte, los aviones de la compañía Norwegian siempre van provistos de Wi-Fi y me es posible comentar la jugada. Por primera vez, mi padre puede hacer lo que yo, antaño, cuando era un mocoso, hacía cuando él conducía: Preguntar una y otra vez “¿Por dónde vas?” o “¿Has llegado ya?” y yo responder “Ya estoy a punto de llegar”. Quizás se vengara a modo de justicia poética. Y es que, debo decir que mi hermano y yo eramos muy pesados; Si no estábamos dormidos al cruzar la esquina de la calle, preguntábamos incesantemente por la finalización del viaje a escasos minutos de haberlo iniciado. Prosigo.

El avión aterriza a Oslo a las siete y media y enlazo otro vuelo que despegará a las nueve. Hora y media que aprovecho para comer algo y cotillear las tiendas que posee el completo y gran aeropuerto de Gardermoen. El tiempo pasa en un suspiro y finalmente mis pies se posan el suelo enmoquetado del vuelo que me llevará en unas tres horas a la mejor ciudad del mundo. Durante el viaje, sigo charlando con mi padre, con algunos amigos y la impaciencia empieza a apoderarse de mí. Tengo muchas ganas de llegar, de pisar tierra catalana y abrazar a parientes y amigos. Trato de calmarme mientras veo los dibujos de Mister Bean por la pantalla de televisión que aparece de forma automática en la parte superior del interior del avión, o trato de leer alguna novela del libro electrónico. No soy una persona que tenga miedo a volar, pero a veces los vuelos son realmente muy tediosos, sobretodo si debes hacer escala y pasarte parte de la mañana en aeropuertos.

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Sobrevolando tierras francesas. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Bien, el vuelo llega al Prat a la una menos cinco, tomando la pista con tremenda suavidad y salimos del avión tras despedir a la sonriente azafata con su mejor ¡Ha det bra! (Adiós en noruego). Allí me reúno con mi padre, al cual nos abrazamos después de un largo tiempo sin vernos sin Skype. Decidimos tomar algo y hacer tiempo hasta ir al trabajo y recoger a mi madre. ¡Qué gusto da reunirse con la familia y poder tocarlos y abrazarlos!. La sensación de cercanía que ofrecen las nuevas tecnologías nunca van a poder sustituir el abrazo y el beso de un ser querido al verte.

Ya en casa, soy acogido por mi abuela y mi hermano con verdadero entusiasmo y tras instalarme y comer, decido relajarme y hacer de ese día, un día de descanso, porque los siguientes siete días serian muy completos sino estresantes. Eso si, mi hermano y yo no perdimos el tiempo aquel día y fuimos a correr diez kilómetros a través de la nocturna selva urbana de la Ciudad Condal.

Los siete días, resumido

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Bueno, no es una foto muy reciente, pero ahí está mi ahijada. NO ES UNA PRINCESA, ES UNA KHALESSI. Foto: Loreto Pérez Capacete.

Tras realizar gestiones en el banco e ir al centro de estética Merche (C/ del Vintró 15, Sant Andreu, Barcelona) para depilarme con cera caliente el cuerpo, como típico (y obligado) peregrinaje a BCN, tocaba quedar con todos mis amigos y amigos a los que llevaba tiempo sin poder ver y a los que quiero y aprecio. Ojalá hubiera podido tener más tiempo y hubiera podido ver a más personas. Lo siento a todos aquellos que no pude ni tan siquiera ver para tomar un café. ¡Prometo citas a mi vuelta!. Me dediqué también a salir a correr o a ir al gimnasio con mi hermano; el domingo iba a participar en mi primera carrera de diez kilómetros por Gavà y debía llegar en buena forma y preparado para el evento.

Pude quedar incluso con mis amigos de Rubi  y así poder saludar a mi ahijada… !Cómo crecen los enanos!. Me sorprendieron con unas comilonas brutales e incluso un pastel muy acorde a mis gustos: de nata con un zombi habiéndose terminado de desayunar a alguien. ¡Grácias Loreto y Sam!

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El detalle del zombi fue genial. Muchas gracias. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Llegó el día de mi cumpleaños, día 27 de febrero y mi hermano y yo fuimos hacia Gavà a recoger los dorsales para la carrera y a nuestro regreso a Barcelona, de pasada, recoger a Marina en su casa. Ya llegando a casa, aparecieron poco a poco, los mismos rostros de siempre para celebrar conmigo dicho día. Me encanta poder compartir estos eventos o cualquier excusa que se presente, para poder ver a la familia; uno no se da cuenta de lo mucho que echa de menos y añora a la gente que aprecia hasta que se halla tan y tan lejos. Es realmente refrescante la sensación de estar en casa… ya lo decía Gabinete Caligari: No hay nada como el calor del amor en el hogar….. ¿o era en un bar?.

Resumen del cumpleaños: Familia reunida, comida casera (no pueden faltar los callos de la abuela e inventos delicatessen Made by Mama), pastel de limón (brutal) y cava, cortesía de Can Mavial (si vais a Barcelona, os recomiendo que vayáis a comer allí, se trata de una brasería donde impera la comida tradicional. El trato es familiar y estupendo, la comida es aun mejor y los precios son muy adecuados) y como no, el cumpleaños feliz al mas puro estilo Parchís.

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La família. Foto: Carmen Quiñonero Fernández

Los domingos no son para descansar

Si, amigos, el domingo empezó muy temprano, poniendo nosotros las calles. Desayunamos fuerte y empezamos a mentalizarnos para el evento, La Maratón de Gavà, aunque nosotros íbamos a disputar la modalidad de diez kilómetros. Debo decir que estaba nervioso porque era mi primera carrera y siempre hay un punto de estrés en todo debut; quieres y esperas hacerlo bien y buscas en ese día un listón donde poder empezar. Tan solo espero que ese listón no estuviera muy muy muy bajo.

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Mi hermano Joan, en su salsa. Foto: J.J.Vico

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Lo mejor de la carrera: Ser Finisher. Foto: Carmen Quiñonero Fernández.

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El dolor es temporal, la gloria es eterna. Foto: Juan Aldrufeu Navarro.

La carrera inició muy muy rápida a mi parecer y mi falta de experiencia se hizo patente; a los dos primeros kilómetros ya iba ahogado y tuvimos que bajar el ritmo. Me supo mal por mi hermano porque él está acostumbrado a ritmos más rápidos y tuvo que bajarlo para correr conmigo. Iba ahogado pero no tenía ninguna intención de abandonar, así que seguimos a ese ritmo hasta completar los 10 kilómetros en 57 minutos. Tras la experiencia vivida, con muy buenas sensaciones, tocó su momento de reflexión: hay mucho que mejorar. Aun así, saboreé la sensación de haber podido debutar junto con mi hermano y también con que, solo queda mejorar lo presente. Eso si, terminé totalmente dolorido y para el arrastre. Sin embargo, poco descanso podía permitirme porque por la tarde había quedado con mis estimados compañeros de Creu Roja para jugar a una partida de Laser Tag y luego, tomar algo o cenar.

De la partida de Laser Tag solo puedo decir que, aparte de notar el Infierno en mis piernas al tratar de moverme al más puro estilo GOEs (si, lo admito, soy un freak y un flipado) por el laberinto oscuro, pudimos reírnos a pierna suelta todos juntos, poder charlar como hacía tiempo no podíamos. Ese tipo de detalles y compromisos son los que nos hacen humanos y deberíamos atesorar en nuestro fuero interno como si de a hierro candente se tratara.

Vuelta al Norte

Pues nada, todo lo bueno siempre parece ser más breve y en un suspiro, los ocho días se terminan y hay que volver. Vuelvo a ver al girar mi cabeza hacia mis padres, en la cola de la inspección del equipaje, la misma sonrisa nostálgica de siempre. la misma que yo procuro devolver mientras me alejo una vez más de mi hogar. Hay que volver para “Arbeide & Tjene Penger” (Trabajar & Ganar Dinero en noruego). Vuelta a Oslo, escala a Trondhem i trayecto de hora y media hasta Steinkjer.

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Pues, bien, esto es lo que sucedió en febrero-inicio de marzo. Hasta la fecha, no ha ocurrido nada del otro jueves. Se diría que el tiempo pasa muy despacio en Steinkjer y básicamente, solo me dedico a trabajar en horario nocturno y salir a correr. En el próximo post, a menos que haya ocurrido algo digno de mencionarse, os relataré (o incluso, quien sabe, quizás podáis verlo y todo) como Laura Moreno (compañera de profesión y de aventuras nórdicas) y un servidor, se nos ha ocurrido el brillante disparate de participar en la Tough Viking que tendrá lugar en Oslo el treinta de mayo. Se trata de una carrera de obstáculos de cinco kilómetros donde la  palabra comodidad está en casa durmiendo la siesta. Considerando que en septiembre corro las Spartan Race de cinco y trece kilómetros en Valencia y los veintiún kilómetros de la Spartan en Barcelona en Octubre, ya me va bien como rodaje.

TODO LO QUE VALE LA PENA, MERECE UN ESFUERZO. LA MODERACIÓN ES PARA LOS COBARDES

.Y ahí lo dejo.

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