Tercer día en Sola

Publicado: 29 agosto, 2014 en Noruega 3.0
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 El día amanece encapotado aunque los tímidos rayos de sol penetran a través de la cortina de mi habitación. Me levanto y compruebo el calendario, tercer día en Sola (se pronuncia /SULA/), un municipio de veintiún mil habitantes, ubicado en la provincia de Rogaland y a tiro de piedra del modesto aeropuerto de Stavanger, cuyos aviones aterrizan y despejan continuamente mientras los vislumbro a través de la ventana. Me hallo actualmente en un lugar bastante tranquilo, cercado por casas de construcción típicamente noruega y los jardines, setos y parques abundan por doquier. El apartamento donde estoy ubicado en cuestión, es amplio y tiene cuanto necesito (bueno, eso y una televisión de plasma de 50 pulgadas donde ver películas como Dios manda, también) y está bastante cerca de mi lugar laboral.

Mi nuevo puesto de trabajo es el Soltun Alderspensjonat, un centro para pacientes con patologías de tipo somático de toda índole. El edificio,  consta de cuatro plantas y en su última se halla el Hjemmetjenesten (lo que viene a ser el Servicio a Domicilio en la lengua de Cervantes): allí trabajo durante el turno de noche y mi labor se concentra en realizar domicilios para administrar medicación o realizar cualquier procedimiento que se requiera. Sonaría bastante tedioso sino fuera por que me encargo del uso del respirador y cuidados de cánula de traqueostomía de un paciente con una patología y demandas “especiales” (por ley de privacidad, no está permitido dar ningún tipo de información sobre el paciente, tanto su nombre y datos personales como su diagnostico), por lo que siempre se agradece un soplo de aire fresco en las labores de uno, sobretodo si un servidor se ha pasado cinco meses tratando con un específico tipo de paciente.

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El salón del apartamento. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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La cocina donde se prepara todo lo bueno. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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Mi habitación con vistas “al mar”. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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Sverd i Fjell. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Tras mi segunda noche y después de comprobar que (por ahora) mi tolerancia a los turnos nocturnos, que hace tanto tiempo no frecuentaba, no se ha resentido y que no trabajaba esa noche, Lola (una chica de Archena, enfermera y compañera de aventuras nórdicas) y yo decidimos viajar en autobús para visitar el Sverd i Fjell, un monumento situado a la orilla del fiordo de Hafr. El monumento, cuya traducción es “Espadas en la Montaña”, fue construido por Friz Røed entre 1928 y 2002, es un homenaje a la paz conseguida por Harald Hårfagre tras la batalla del 872 que tuvo lugar en este preciso fiordo, cuando Noruega hervía por las constantes batallas internas que sometían al país durante gran parte del siglo IX. El Rey Harald consiguió, tras la dicha gesta, unir a todos los reinos de Noruega bajo un solo mando para que todo el país viviera en paz y armonía. Es un monumento muy simbólico, ya que, la espada más grande representa a la propia del rey Harald  y estas, clavadas en roca maciza, vienen a representar que:

Una vez clavadas en el suelo, no volverán a ser usadas para teñir de sangre el suelo nórdico

 Bien, tras hacernos la fotos de rigor, decidimos ir más adelante y seguir con el autobús para dar nuestros pies a Stavanger.

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Aunque se trató de una visita en la que no abundaron precisamente los recodos más turísticos, si pudimos ver el puerto donde titánicos transatlánticos permanecían anclados y el bullicio provocado por el turismo hacía de aquel lugar algo realmente concurrido pero no cansino. Basta con decir que tras nuestro paso oíamos a más españoles que noruegos, sentados en las terrazas cercanas al puerto, disfrutando de la esplendida tarde. De echo, fuimos a parar a una cafetería donde estuvimos tomando algo y de golpe, un caballero de procedencia marroquí que tomaba tranquilamente su café, nos preguntó en perfecto castellano algo con una sonrisa esbozada en su cara. Conversamos con él y descubrimos que el señor estuvo trabajando durante muchos años en un pueblo cercano de Archena, por lo que la murciana no pudo evitar reírse. Tras despedirnos, Lola y yo nos dijimos entre susurros: “No podemos comentar nada indiscreto sin que aparezca alguien y lo entienda“. Pues había mucha razón en ello.

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Foto: Maria Dolores Candel Martinez

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Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Tras el refrigerio y unas cuantas risas en la terraza de la cafetería, fuimos hasta la parada del autobús para volver a casa de nuevo mientras la noche cubría lenta y paulatinamente el cielo de Sola.

Me he quedado con ganas de ver más de Stavanger pero bueno, como suele decirse, ya habrá más días. El próximo post hablaré de mi visita a esta encantadora ciudad. Nos vemos aquí otro día.

Ha det bra!

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comentarios
  1. luisa carrasco dice:

    Hola Bruno sobrino estas guapísimo y los sitios también .
    Te veo muy bien y guapo como siempre y te queda guai la barba bueno un fuerte beso de BCN con un achuchon

    • bobtainer dice:

      Hola, Lluisa!! Moltes gracies per el comentari!! Us trobo molt a faltar!! Un peto molt gran a tu i al Chumi!! Per aqui tot va molt be i espero que segueixi aixi durant mes temps. Una abraçada ben gran!

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