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6 de la mañana. El despertador suena y me despierto sobresaltado y por inercia, miro a mi compañero de habitación y veo que también se despierta de improviso por el bip-bip-bip del despertador del móvil, me devuelve la mirada y vuelve a acostarse. Me levanto y compruebo que efectivamente, dispongo de una hora para desayunar, asearme y vestirme, ya que hoy empiezan las practicas de idioma en un ambiente sanitario. La aventura noruega empieza hoy, retumba en mi cabeza las palabras de Carlos la noche anterior. Lo que ha sucedido durante estas casi tres semanas de estancia en Steinkjer han sido unas simples vacaciones y periodo de adaptación. Lo de hoy y en adelante durante 6 semanas será una autentica inmersión lingüística al noruego. Vamos allá.

Me preparo la fiambrera con la comida que cociné ayer noche, justo después de probar el coche que Håvard nos dejó para desplazarnos a los lugares de practicas: Stod y Kvam (y menos mal que hice uso de mi GPS para guardar las localizaciones exactas de los lugares de practicas). Habiéndome aseado y vestido, me cruzo por el pasillo del apartamento con Alba y le comento que voy al coche a prepararme y que cuando estén listas (debo llevar a Rebeca, Nerea y a Alba hacia su destino de practicas, Egge, ya que está de camino a mi destino) que se dirijan al coche. Alba me mira y asiente con la cabeza. Cargado con las zapatillas de deporte blancas para trabajar, la comida, la botella de agua, la mochila con mis cosas y el GPS en mano, abro el maletero del coche y allí dejo todos mis enseres salvo el navegador de a bordo, que lo enciendo y lo coloco en el cristal del coche, comprobando que todo funciona correctamente. Sentado ya en el coche, palpo mis bolsillos y me doy cuenta de que me he olvidado el móvil en algún lugar del baño de casa, así que vuelvo a subir al apartamento y recupero el aparato, metiéndomelo en el bolsillo del pantalón. Mientras me vuelvo a dirigir hacia la puerta, me tropiezo con algunas de mis compañeras que también inician hoy sus practicas y les deseo muchísima suerte. Los Lykke til hoy se han escuchado bastante hoy. Me encuentro con Alba y Rebeca, que están esperando a Nerea a que salga del apartamento y al rato, esta sale parsimoniosamente por la puerta y nos dirigimos todos hacia el bólido (jajaja).

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La Bestia. Foto: Carlos Fuentes Arrabal.

Primera parada, Egge. Piso ligeramente el acelerador y el motor ruge. La bestia, así es como Carlos ha bautizado al Nissan Primera de más de 10 años que nos llevado a nuestros respectivos destinos y eso me hace sonreír al recordarlo. Dejo a las chicas cerca de su unicación de prácticas y después de ajustar el GPS a mi dirección exacta, compruebo que llego a las 7 y media al hogar de ancianos de Kvam. No hay tiempo que perder.

Conduciendo por las serpenteantes carreteras del lugar, he podido apreciar ligeramente el contraste de campos de cultivo aun por sembrar, los enormes bosques de abetos que salpican una tierra rica en vegetación. Todo verde hasta donde alcanza la vista y más allá. Mi nuevo hogar huele a naturaleza y a abono vaya donde vaya. Mientras me acerco más y más a mi destino, la imagen de un lago inmenso a mi derecha me recuerda lo precioso que es el paisaje en este lado y cualquiera con una buena cámara de retratar podría sacar unas buenas fotografías de lugar. Ya le diré a Lara o a Cristina MG que me acompañen un día con su maquina.

A las casi 7 y media de la mañana he llegado al aparcamiento del centro de ancianos de Kvam, un edificio rodeado por otras casas y me he dirigido a la puerta del centro, que se ha abierto automáticamente y allí me esperaban las profesionales que trabajan. Un equipo compuesto (al menos por la mañana) por una enfermera y 4 auxiliares de enfermería que estaban haciendo el cambio de turno y se explicaban las novedades de la noche al grupo que estaría durante el día allí. Al sentarme en aquel lugar, después de saludar con vergüenza a todas las presentes, he comprobado que realizaban el pase de visita con su mejor Trøndesk (dialecto del Bokmål hablado en Trøndelag) y que apenas las entendía. He tratado de abrir los oídos y escuchar con suma atención lo que aquellas mujeres explicaban y efectivamente, había algunas palabras que me sonaban y otras que apenas entendía. ¡Menuda toma de contacto!.

Cuando han terminado, una mujer de tamaño menudo, de ojos azules intensos y de sonrisa pequeña pero agradable, me ha dicho de forma pausada que estaría con ella esta mañana. Le he respondido que, perfecto, que tenga paciencia conmigo y que le preguntaré muchísimo. Ellinor, que así se llama esta mujer, me responde con su sonrisa en la boca y me dice que no me preocupe, que para eso estoy aquí. La miro con confianza. Me ha caído genial desde el primer momento.

Acompaño a Ellinor a su zona de trabajo, un lugar repleto de puertas que requieren de un exhaustivo y concienzudo control de abertura y cierre. Ninguna puerta debe abrirse sin antes haber cerrado la anterior. Debe ser así. Los pacientes son personas con problemas de demencia y toda precaución es poca. Y si por alguna casualidad una puerta que no debe abrirse se abre, las alarmas hacen su trabajo. El angosto pasillo lleva a un gran salón donde la cocina forma parte del mismo y allí conozco a los residentes de aquella parte del hogar. Allí se encuentran sentados, un anciano ciego y de aspecto adormilado al que llamaré El Adormilado (por protección datos e intimidad) y una antigua profesora de escuela ya retirada desde hace años y a la que la demencia ha devorado gran parte de sus recuerdos y memoria a corto plazo y a la que nombraré La Profesora. En sus habitaciones se encuentran, un hombre mayor (y de tamaño considerable) sentado en su silla de ruedas y cuando ve a Ellinor, sonríe y trata de coquetear torpemente con ella (Lo llamaré El Grandullón). También se encuentran en sus aposentos un anciano con un solo ojo pero con una gran sonrisa (El Tranquilo) y una mujer de 85 años que pasea con su caminador y acompañada de su bolso, como si fuera a comprar al mercado, que la llamaré La Dicharachera. Este elenco de grandes y mayores personas componían el grupo al que Ellinor cuidaba y vigilaba con gran tesón.

Durante toda la mañana, Ellinor a realizado una dinámica bastante tranquila en comparación con el ajetreado y cargado grueso de trabajo que nosotros, los enfermeros españoles, estamos acostumbrados. Y eso da la oportunidad de ofrecer una calidad asistencial mas que notable. Lavarlos, adecentar sus habitaciones y el salón, realizar unas pequeñas curas y ofrecerles el desayuno, comida y su respectiva medicación, es la descansada dinámica que está acostumbrada Ellinor a realizar cada día. Mientras la ayudo con esos quehaceres, Ellinor me va enseñando palabras en noruego que yo anoto rápidamente en mi pequeño bloc de notas. La verdad es que me ha ido fenomenal empezar a hablar con ella y con los pacientes. Quizás mi escaso noruego sea eso, escaso, pero me he hecho entender y sobretodo y lo mas importante, he entendido lo que me han dicho. El momento mas emocionante del día: Que La Profesora, después de conversar juntos durante un rato y tras comprobar que yo la entendía ligeramente y ella me entendía, me dice Du er flink! (Tu eres bueno!). ¡Minipunto y punto para el barcelonés en Noruega!

Tras una sesión intensa de noruego, en el segundo pase de revisión de los pacientes, ha sido más que curioso: empiezan a sonarme algunas palabras más que en el primer pase de visita. Pero no adelantemos acontecimientos. Hoy se ha puesto la primera piedra, una de tantas que aún quedan por colocar. Arduo es el camino aún, largo sin duda. Pero es lo que toca con tal de trabajar en tal bello país y ahora mismo, el final de este camino dista mucho por llegar. Para hablar como un Nordmann hace falta mucha dedicación y trabajo. Balance de hoy: Positivisímo. No debo pensar que estas practicas son para que mi nivel de procedimientos de enfermería y conocimientos sean avaluados, sino para empaparme de este nuevo idioma que tengo el placer y privilegio de aprender. Mañana más y mejor. La aventura noruega empieza hoy.

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comentarios
  1. MERCHE dice:

    Totalmente d acuerdo…..
    Y como dijo tambien aquel:

    Du er flink!… Muy bueno, tio

    Con esa actitud seguro que te va a ir “bonito”

  2. Marta dice:

    Relates de Puta Mare……et seguiré…una abraçada!

  3. […] como no, he trabajado gran parte de mi estancia en Noruega, en Nord-Trøndelag. Estuve primero en Kvam unos meses, luego en Sparbu y después de mi paso breve por Stavanger, retorné finalmente a […]

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